Crítica de cine: 'Split Second' (1992) de Tony Maylam
A principios de los años noventa, el cine de género vivía un auge de híbridos entre acción, terror y ciencia ficción inspirados por éxitos como Alien (1979), The Terminator (1984), Predator (1987) y RoboCop (1987). Productoras independientes, especialmente británicas, intentaban replicar esa fórmula con presupuestos medios, aprovechando localizaciones industriales abandonadas y un amplio uso de efectos prácticos. El guion original de Gary Scott Thompson —futuro guionista de The Fast and the Furious (2001)— nació bajo el título Pentagram, un thriller ocultista de policías ambientado en Los Ángeles. Sin embargo, fue reescrito en varias ocasiones para diferenciarse de The First Power (1990).
Así nació Split Second (titulada Segundo sangriento en España), una coproducción británico-estadounidense de ciencia ficción, acción y terror dirigida principalmente por Tony Maylam, que encarna tanto la ambición visual de la serie B de la época como sus inevitables limitaciones. Estrenada en mayo de 1992, sitúa la acción en un Londres distópico parcialmente inundado por el cambio climático en el año 2008, donde un detective obsesionado persigue a un asesino en serie que termina siendo algo mucho más monstruoso.
La mezcla de géneros resulta tan extraña como sugerente: buddy movie policiaca, thriller detectivesco, horror monstruoso, ciencia ficción distópica e incluso pinceladas de cine negro. Sobre el papel, la combinación era irresistible. El problema es que el guion nunca logra desarrollar todas las ideas que plantea. A ello se sumaron los problemas de producción y los ajustados plazos de rodaje, que terminaron desbordando a Tony Maylam, director recordado por el clásico slasher La quema (The Burning, 1981). La situación llegó a tal punto que la productora incorporó a un segundo director, Ian Sharp, para encargarse de varias secuencias de acción y del enfrentamiento final en el metro.
En sus memorias, All Those Moments, Rutger Hauer recordó el caos que rodeó la producción y la ausencia de una dirección clara desde el propio guion:
No sorprende, por tanto, que la crítica fuera mayoritariamente negativa y que la película fracasara en taquilla. Y eso a pesar de contar con Rutger Hauer, convertido ya en una figura imprescindible del cine gracias a Blade Runner (1982). El actor atravesaba entonces una etapa en la que alternaba proyectos de prestigio con producciones de menor presupuesto. Su Harley Stone es, probablemente, el mayor atractivo de la película: un policía traumatizado por la criatura que asesinó a su compañero, adicto al café y al chocolate.
Kim Cattrall, años antes de alcanzar la fama mundial con Sexo en Nueva York, y Alastair Duncan cumplen con solvencia como el interés romántico y el compañero novato, respectivamente, en un reparto que también cuenta con breves pero notables apariciones de Pete Postlethwaite e Ian Dury.
Sin embargo, el gran problema sigue siendo un guion muy flojo. El planteamiento inicial abre incógnitas realmente interesantes: una criatura satánica o alienígena que asesina siguiendo un patrón astrológico, arranca el corazón de sus víctimas y mantiene un vínculo psíquico con el protagonista. Pero ninguna de estas ideas llega a desarrollarse o conectarse de manera coherente. Las explicaciones sobre el origen del monstruo son vagas y contradictorias, alternando sin criterio entre lo sobrenatural y lo biológico.
Es una lástima. Split Second no dejó una huella significativa en la industria ni dentro del género, aunque con el tiempo revivió el interéspor ella gracias al mercado doméstico y a las plataformas de streaming. Quizá ese sea su mayor logro. Porque, pese a todos sus defectos, sigue siendo una de esas películas que muchos vuelven a revisitar mientras se preguntan: ¿qué habría pasado si tuviera un buen guion? Probablemente hoy estaríamos hablando de un pequeño clásico de la ciencia ficción de los noventa y no de una prometedora oportunidad perdida.
Conclusión: Película con alma de serie B que entretiene por su exceso, su atmósfera y su humor involuntario, pero fracasa a la hora de desarrollar sus ambiciones.
(+): Una premisa atractiva y Rutger Hauer sostienen buena parte del metraje.
(-): El guion es un batiburrillo de ideas mal conectadas que deja demasiados cabos sueltos y motivaciones poco definidas.
Así nació Split Second (titulada Segundo sangriento en España), una coproducción británico-estadounidense de ciencia ficción, acción y terror dirigida principalmente por Tony Maylam, que encarna tanto la ambición visual de la serie B de la época como sus inevitables limitaciones. Estrenada en mayo de 1992, sitúa la acción en un Londres distópico parcialmente inundado por el cambio climático en el año 2008, donde un detective obsesionado persigue a un asesino en serie que termina siendo algo mucho más monstruoso.
La mezcla de géneros resulta tan extraña como sugerente: buddy movie policiaca, thriller detectivesco, horror monstruoso, ciencia ficción distópica e incluso pinceladas de cine negro. Sobre el papel, la combinación era irresistible. El problema es que el guion nunca logra desarrollar todas las ideas que plantea. A ello se sumaron los problemas de producción y los ajustados plazos de rodaje, que terminaron desbordando a Tony Maylam, director recordado por el clásico slasher La quema (The Burning, 1981). La situación llegó a tal punto que la productora incorporó a un segundo director, Ian Sharp, para encargarse de varias secuencias de acción y del enfrentamiento final en el metro.
En sus memorias, All Those Moments, Rutger Hauer recordó el caos que rodeó la producción y la ausencia de una dirección clara desde el propio guion:
El guion no estaba terminado cuando empezamos a rodar... Reescribíamos escenas por la mañana antes de filmar. En cierto modo, improvisamos gran parte del tono de la película sobre la marcha.
No sorprende, por tanto, que la crítica fuera mayoritariamente negativa y que la película fracasara en taquilla. Y eso a pesar de contar con Rutger Hauer, convertido ya en una figura imprescindible del cine gracias a Blade Runner (1982). El actor atravesaba entonces una etapa en la que alternaba proyectos de prestigio con producciones de menor presupuesto. Su Harley Stone es, probablemente, el mayor atractivo de la película: un policía traumatizado por la criatura que asesinó a su compañero, adicto al café y al chocolate.
Kim Cattrall, años antes de alcanzar la fama mundial con Sexo en Nueva York, y Alastair Duncan cumplen con solvencia como el interés romántico y el compañero novato, respectivamente, en un reparto que también cuenta con breves pero notables apariciones de Pete Postlethwaite e Ian Dury.
Sin embargo, el gran problema sigue siendo un guion muy flojo. El planteamiento inicial abre incógnitas realmente interesantes: una criatura satánica o alienígena que asesina siguiendo un patrón astrológico, arranca el corazón de sus víctimas y mantiene un vínculo psíquico con el protagonista. Pero ninguna de estas ideas llega a desarrollarse o conectarse de manera coherente. Las explicaciones sobre el origen del monstruo son vagas y contradictorias, alternando sin criterio entre lo sobrenatural y lo biológico.
Es una lástima. Split Second no dejó una huella significativa en la industria ni dentro del género, aunque con el tiempo revivió el interéspor ella gracias al mercado doméstico y a las plataformas de streaming. Quizá ese sea su mayor logro. Porque, pese a todos sus defectos, sigue siendo una de esas películas que muchos vuelven a revisitar mientras se preguntan: ¿qué habría pasado si tuviera un buen guion? Probablemente hoy estaríamos hablando de un pequeño clásico de la ciencia ficción de los noventa y no de una prometedora oportunidad perdida.
Conclusión: Película con alma de serie B que entretiene por su exceso, su atmósfera y su humor involuntario, pero fracasa a la hora de desarrollar sus ambiciones.
(+): Una premisa atractiva y Rutger Hauer sostienen buena parte del metraje.
(-): El guion es un batiburrillo de ideas mal conectadas que deja demasiados cabos sueltos y motivaciones poco definidas.
